“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

viernes, 4 de mayo de 2018

"Terrorismo. Analizado por el señor Garzón, don Baltasar", por Óscar de Caso. "Se ponen de acuerdo para bombardear un país y no son capaces de trabajar en común para implementar la cooperación frente al terror".


          Sostengo que la guerra no es el mecanismo idóneo para combatir el fenómeno del terrorismo, el terrorismo yihadista es una actividad difusa y expansiva que no se concreta en un territorio determinado. Las acciones terroristas son aquellas que, dentro o fuera de ese marco, afectan a personas no inmersas en el conflicto desencadenado. Si aplicamos las normas de la guerra o de un estado de excepción, les estamos dando una victoria clara.
          Frente a excelentes cooperaciones, cesiones de espacios o apoyos logísticos entre organizaciones terroristas, las fuerzas del orden han hecho gala de abundantes descoordinaciones y solapamientos; hay que crear una auténtica comunidad de inteligencia donde lo que opere no sea la solidaridad de los cuerpos, sino la solidaridad entre los países.
          Resulta paradójico que algunos se puedan poner de acuerdo para bombardear un país y que no seamos capaces de trabajar en común para implementar la cooperación frente al terror. La realidad hace parecer que existen vacíos que no se quieran llenar con los datos de los que cada uno dispone… y no pone a disposición de los demás.
          Sigo creyendo que Occidente y sus jerarquías políticas, militares, sociales y económicas han estado más ocupadas en las inversiones estratégicas en esas zonas de conflicto que en sacar a los ciudadanos del estado de postración y de ausencia de derechos en que se hallan. Por esas omisiones inconscientes ahora se sufren las consecuencias de una violencia irracional extrema y fanáticamente religiosa.
          Las primaveras árabes (2010-2013) tuvieron un origen y un objetivo. Los actores eran variados (laicos, demócratas, radicales, terroristas, poderosos o interesados) y no se supo apoyar a aquellos que hubieran cubierto el espacio que finalmente fue ocupado por quienes patrocinaban el terror como instrumento de implantación.
          En España, hasta 1997 la Audiencia Nacional había estimado que las personas o grupos de ideología fundamentalista-salafista, no debían de ser considerados como terroristas fuera de las fronteras del país en el que las organizaciones a las que estaban vinculados cometían los atentados, sino como meros falsificadores o delincuentes habituales, y, por tanto, su sanción no debía ser grave.
          Frente al dolor y tristeza por las víctimas, surge la tentación de responder desde las tripas, con la desesperación. Llamar a la guerra contra el terrorismo puede aliviar la frustración frente a ese califato inmaterial, pero no atajará la amenaza terrorista.
          La respuesta al uso de esta nueva violencia global debe ser multidisciplinar. Seguridad policial, judicial y, desde luego, educación. Al final, y a medio y largo plazo, solo una educación basada en valores democráticos y respetuosos con el Estado de Derecho se podrá confrontar aquel terror.
          Si, por el contrario, si en demasiadas ocasiones se utiliza el combate al terror en forma partidista e interesada para revertir conquistas democráticas consolidadas estaremos más indefensos frente al mismo. La falta de información es equivalente a la falta de responsabilidad al emitirla y difundirla.


     Se puede pensar que, frente a las amenazas terroristas, la mano dura es la única que puede rendir frutos. Sin embargo, las guerras, en su mayoría, están inducidas por intereses nada altruistas. El negocio va asociado a la calamidad y la reconstrucción, nuevamente al negocio de los vencedores.
          El peligro continuo es que se predica la legalidad y a la vez se prescinde de ella aduciendo la necesidad y la urgencia de acabar con el peligro que la organización terrorista representa, y se exige la aceptación sin condiciones de que “existen” pruebas que, curiosamente, suelen analizar los políticos y no los jueces, y así se sentencia a los “culpables” y a los que no lo son.
Con esta actitud se formarán en estos países generaciones perdidas que repetirán suerte o, lo más seguro, caerán antes o después del lado del opresor. Realmente grave.
          Urge la creación de un espacio único universal, lo que supone necesariamente la urgente ratificación del Estatuto de la Corte Penal Internacional por los países más poblados y más potentes del mundo y concebir el terrorismo como un crimen contra la humanidad perseguible universalmente. A pesar de las restricciones a la aplicación del principio de Jurisdicción Universal
          Me inquieta que, en esta crisis terrorista, no tengamos claro hacia dónde se dirige el mundo; puede ser posible que la libertad y la democracia solo serán apariencia o realidad virtual o meros argumentos retóricos para tranquilizar conciencias.
          Es ahí donde puede suceder que las Bolsas se estabilicen, bajen o suban al ritmo de las bombas y que las grandes compañías con la bandera del progreso cometan crímenes ambientales.
          La encrucijada de optar entre la legalidad y la justicia o sucumbir al imperio de la arbitrariedad y de la ilegalidad internacional sigue patente en nuestros días.


Para mayor indignación se camuflan con una capa de protección al ciudadano adornada de acuerdos entre potencias cuyo fin último es el más prosaico: los grandes negocios de quienes verdaderamente dominan el mundo y nuestras vidas.
          La única vía es el diseño de una verdadera cultura de paz, en la que esta sea verdaderamente sostenible; eso se puede lograr si los líderes fuesen coherentes entre lo que se predica y lo que se ejecuta para hacer realidad la protección efectiva y en paz de los pueblos
          El escrito de hoy lo finalizo con las estrofas de un joven poeta, periodista y community manager valenciano de 28 años Joseph Mercier García

¡Oh, refugiados!
que causáis tal aflicción
que en un instante
lográis atemorizar al mundo.
¡Oh, desdichados!
que tan cobardes sois,
que atacáis a inocentes
para ostentar vuestro orgullo.
Vuestro dolor va devorando
las entrañas de la tierra.
Un dolor tan profundo
 que ni el infierno quema. 
Estrecháis con cadenas
nuestra libertad humana
y sometéis a condena
nuestra existencia vana. 
¡Oh, héroes de pecado!
que desterráis el valor
de esta vida errante
y por doquier dais sustos.
¡Oh, furtivos desalmados!
que rompéis el corazón
provocando sangre
y aún así os veis justos. 
Destruís los recuerdos
y ahogáis sin pudor alegrías.
No cabe en nuestro cielo
vuestro historial de víctimas.
Mas ignoráis, enfermos,
que la muerte es más lenta
cuando se lleva por dentro
y la malicia envenena. 
 

 

2 comentarios:

  1. ¿Quien ha dicho que interese acabar con el terrorismo?
    No solamente evita que el personal piense en otras cosas, vacia los almacenes de armas obsoletas justifica el militarismo, permite "conpensaciones" con sus materias primas y despues del shock vendrán nuestros financieros a poner orden.
    Vamos, que si no existe se inventa.

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  2. "compensaciones" 👌

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