Hace un mes fui en busca de un amigo. Vive en la Avenida de Las Jornetas. Eran las nueve de la noche ya pasadas. Había aparcada una plataforma elevadora enfrente de su casa. Conforme iba acercándome observé a dos niños que estaban intentando abrir una caja de la máquina. Les dije que aquello no era para jugar. Les pregunté el nombre y la edad. Eran una niña y un niño de tan solo diez años.
La niña me preguntó "si la iba a denunciar". Le dije que no. Pero que, por favor, se fuera a su casa con su amigo que no eran horas de estar por la calle rebuscando entre las tripas de una máquina.
Estuve un rato perplejo. Afectado. ¡Muy afectado!. No entendía que unos niños que debían estar en su casa, bajo el control de sus padres, pudieran estar en la calle, casi anochecido, manoseando una máquina para llevarse algo de valor.
Me recordó el inicio de la novela "Un Mundo sin fin" (la continuación de "Los Pilares de la Tierra", de Ken Follett) donde una niña, Gwenda, de 10 años, tiene el encargo de su padre de cortarle con un cuchillo el cordel de la bolsa que un comerciante lleva cogida al cinto para robarle las monedas y esa noche ....¡poder llevarse al estómago algo caliente!.
Entre esa escena, que transcurre el año 1327 en el Priorato de Kingsbride, cerca de Londres, y la de la otra noche en Las Jornetas median siete siglos. La edad de los niños ....la misma. Las circunstancias similares: en la primera, robar para comer y en la segunda causar un daño sin saberlo. Pero señor ....¿cómo es posible que esto ocurra en pleno siglo XXI?
En la Edad Media la enfermedad y la muerte acechaban en cada esquina. No existían Servicios Sociales. Ahora sí. Y otras muchas cosas más. Me resulta desgarrador recordar a la niña preguntarme "si la iba a denunciar". Abultaban más las palabras que su cuerpo.
Mientras a esa edad otras niñas están en sus casas jugando con sus amigas, vistiendo a sus muñecas, viendo la tele, haciendo deberes para formarse y ser personas de provecho el día de mañana... esta estaba lejos de su casa, junto a una máquina ....buscando no se qué. ¡Como si no hubiera pasado el tiempo!
No. No va bien la cosa. Esa niña no tiene ninguna culpa de tener unos padres que a temprana edad "la han abandonado a su suerte". Ni tampoco es culpable de que en el año 2019 después de Cristo, en plena era del Bienestar Social, vaya por la calle entre máquinas y otras cosas peores. Qué mala suerte tiene esta chiquilla. Nadie le dirá que donde mejor está es en su casa con sus padres.
Pero....¡no quiero ni pensar en el ambiente ni en el entorno en el que desarrolla su vida!. Eso, ¡todavía me destroza más el alma!. Se me hace un nudo en la garganta solo con pensar en una criatura a la que, como a Gwenda, le han hurtado la alegría de la infancia.
Algo no estamos haciendo bien para que esto sea el pan nuestro de cada día entre unos niños que malviven en un barrio conocido como "Las Cuevas" (un claro ejemplo de Cuarto Mundo) que, de continuar así, no tienen ninguna oportunidad ni posibilidad de salir a flote, condenados a ser carne de presidio. Totalmente injusto.
¿Acaso creemos que en ese ambiente, mañana, esta niña será una adolescente educada, no insultará a nadie, respetará a sus vecinos, no romperá ningún espejo retrovisor ni rayará la pintura de ningún coche y no entrará a nuestras casas a robar?
No tenemos ni corazón....¡ni cabeza! Alguien tendrá que poner orden en medio de este desorden ¿no?. Hoy, todavía estamos a tiempo. Mañana ....ya será tarde y repetiremos los lamentos y las madre mías. Llevamos mucho tiempo mirando para otra parte.
Miguel Hernández denuncia en sus versos esta situación : "¿quien salvara a esta chiquilla, menor que un grano de avena?, de donde saldrá el martillo, verdugo de esta cadena. Cada día nuevo es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies, la voz de la sepultura".
En la Edad Media la enfermedad y la muerte acechaban en cada esquina. No existían Servicios Sociales. Ahora sí. Y otras muchas cosas más. Me resulta desgarrador recordar a la niña preguntarme "si la iba a denunciar". Abultaban más las palabras que su cuerpo.
Mientras a esa edad otras niñas están en sus casas jugando con sus amigas, vistiendo a sus muñecas, viendo la tele, haciendo deberes para formarse y ser personas de provecho el día de mañana... esta estaba lejos de su casa, junto a una máquina ....buscando no se qué. ¡Como si no hubiera pasado el tiempo!
No. No va bien la cosa. Esa niña no tiene ninguna culpa de tener unos padres que a temprana edad "la han abandonado a su suerte". Ni tampoco es culpable de que en el año 2019 después de Cristo, en plena era del Bienestar Social, vaya por la calle entre máquinas y otras cosas peores. Qué mala suerte tiene esta chiquilla. Nadie le dirá que donde mejor está es en su casa con sus padres.
Pero....¡no quiero ni pensar en el ambiente ni en el entorno en el que desarrolla su vida!. Eso, ¡todavía me destroza más el alma!. Se me hace un nudo en la garganta solo con pensar en una criatura a la que, como a Gwenda, le han hurtado la alegría de la infancia.
Algo no estamos haciendo bien para que esto sea el pan nuestro de cada día entre unos niños que malviven en un barrio conocido como "Las Cuevas" (un claro ejemplo de Cuarto Mundo) que, de continuar así, no tienen ninguna oportunidad ni posibilidad de salir a flote, condenados a ser carne de presidio. Totalmente injusto.
¿Acaso creemos que en ese ambiente, mañana, esta niña será una adolescente educada, no insultará a nadie, respetará a sus vecinos, no romperá ningún espejo retrovisor ni rayará la pintura de ningún coche y no entrará a nuestras casas a robar?
No tenemos ni corazón....¡ni cabeza! Alguien tendrá que poner orden en medio de este desorden ¿no?. Hoy, todavía estamos a tiempo. Mañana ....ya será tarde y repetiremos los lamentos y las madre mías. Llevamos mucho tiempo mirando para otra parte.
Miguel Hernández denuncia en sus versos esta situación : "¿quien salvara a esta chiquilla, menor que un grano de avena?, de donde saldrá el martillo, verdugo de esta cadena. Cada día nuevo es más raíz, menos criatura, que escucha bajo sus pies, la voz de la sepultura".