Efectivamente, eran
bolivarianos.
Por Bernat García.
Durante los últimos
meses, ante las posibilidades de que Podemos entrara en la formación de
cualquier Gobierno, muchos quisieron darles una oportunidad. El arduo
camino "hacia la moderación" que Pablo Iglesias ha defendido. A ver si era
verdad y, en realidad, tenían poco que ver con el régimen venezolano a pesar de
las campañas, las asesorías, los contratos telefónicos, las subvenciones. Este
esfuerzo fue ayer víctima de un obús del propio Iglesias. Efectivamente, en
Podemos son bolivarianos.
Al menos
comparten el amor caribeño por las intervenciones en sectores estratégicos, por
las subidas de impuestos de lenguaje populista, por el control político de la
comunicación mediática, por el desarrollo de un paraestado bajo tutela
individualizada y escurridizo a la fiscalización pública. El Gobierno del Cambio
(así en mayúsculas aparece hasta 72 veces en el documento presentado) no solo
sacaría a España del euro, sino que la sacaría de España
misma.
Convirtiéndola en
algo donde la casta tradicional habría desaparecido, pero cuyo lugar ocuparía
otra sociedad política, cuyas consecuencias son todavía insondables. Cabría
pensar que el líder de Podemos ha tenido buena voluntad para adelantarle el
trabajo al futuro presidente socialista, para poder centrarse así en tareas
menos mundanas que los sillones. Sin embargo, resulta sospechoso que solo se ha
desarrollado el contenido de dos carteras. La de vicepresidencia y el Ministerio
de Plurinacionalidad, las dos áreas que Iglesias ya se ha autodesignado
oficialmente. Él será vicepresidente, y su colega de En Comú Podem (ECP), Xavier
Domènech, ministro. La cartera de Presidencia, esa sí, para el señor Sánchez,
apenas se menciona una o dos veces.
En cambio
la fantástica área de Vicepresidencia cuenta con un desglose informativo para
gusto del lector de siete páginas. Pablo Iglesias asumirá el control de las
encuestas públicas (el Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS), y del
Centro Nacional de Inteligencia (CNI). El BOE será otro de sus juguetes. Pero lo
más caribeño de todo es la creación de una nueva fuerza policial. Así se planea
crear una Unidad Adscrita de Investigadores, "una auténtica policía judicial",
sueñan en Podemos. La medida fue vendida como un cuerpo independiente al
servicio de jueces y fiscales, pero cuidado a la letra pequeña.
Esta dependencia
solo será "funcional" y "temporal". Mientras que la dependencia "orgánica"
corresponde a... ¿adivinan? Efectivamente, la Vicepresidencia del Gobierno, a
través de una nueva Secretaría de Estado de Lucha contra la Corrupción y el
Crimen Organizado. Podemos se reviste igualmente del desprecio bolivariano
constitucional. No aún para perpetuarse en el cargo, pero sí para suprimir las
minorías de bloqueo. El PP, con sus siete millones de votantes, solo es un
"candado constitucional" que esquivará con "la activación de la vía popular".
Pero las
ambiciones son incluso más elevadas y se funden en un sueño los temores
orwellianos y las pesadillas de Milan Kundera en su insoportable levedad del
ser. Iglesias quiere institucionalizar "el esclarecimiento y divulgación de la
verdad", como si eso fuera posible. El Vicepresidente regulará, protegerá y
desarrollará la figura del denunciante en las empresas, en la sociedad, para
denunciar "la inmoralidad". ¿Y quién definirá la
moralidad?
Pero
mientras se lleva a cabo la nueva política, no hay que descuidar otro aspecto
básico: hay que saber contarlo. Por este motivo Pablo Iglesias tiene planes
también para Radio Televisión Española. "Se programarán espacios sistemáticos
específicos en horario relevante para hacer realidad el derecho de acceso a
medios políticos y sociales significativos". No sabemos si Iglesias querrá
participar en estos espacios o seguirá sus reflexiones en La Tuerka, como
insinuó hace unas semanas. También le llevará la agenda mediática a Pedro
Sánchez, porque asume la Secretaría de Comunicación.
Existe
cierto amor, como entre los bolivarianos, en modificar el orden de relaciones
internacionales. Pablo Iglesias tiene una agenda exterior: reconocer el Estado
de Palestina en los primeros 100 días de Gobierno, auditar y revisar el convenio
de bases militares con Estados Unidos y dotarse "de una mayor autonomía
estratégica tanto de Europa como de la OTAN".
Una nueva
política, con verdades absolutas y chivatos de lo inmoral, con nuevas
coordenadas internacionales y nuevas fuerzas policiales. ¿Qué puede salir
mal?