“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino
Comunicado Importante

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Lo que nos hace pensar que los artículos que se publicaron en facebook fueron marcados como inapropiados por lectores que no están de acuerdo con la línea editorial de este blog.

Por eso nos hemos visto obligado a crear un nuevo blog para poder seguir exprensándonos de forma libre. Aquí está la nueva dirección.

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viernes, 28 de junio de 2019

Antología del Neoliberalismo, por Óscar de Caso. Los defensores del neoliberalismo apuestan porque todo el mundo tenga derecho a dormir debajo de un puente o a tener tres Jaguar en su garaje.

          Transcurrían los finales de los años setenta cuando se empezó a construir en el mundo occidental una nueva práctica social, económica y política que iba a cambiar la faz del planeta. No supuso más que una prolongación del liberalismo salvaje de los siglos XVIII y XIX. La producción y los precios los indica el mercado.   

Cada cual vende y compra sin coacción externa. El que tiene capital, compra trabajo y vende mercancías. El que sólo tiene sus manos, vende su trabajo y compra mercancías para subsistir. Todo un contrato entre hombres libres… La mercantilización de todo, incluidos los humanos (tratados como clientes y no como ciudadanos) es una desertización del planeta.

          La transformación del ciudadano en cliente; la sustitución de formas globales de justicia social por campañas de lucha contra la pobreza; el énfasis retórico  en los derechos humanos al tiempo que se reducen los derechos sociales, civiles, políticos y culturales; la desaparición de políticas  redistributivas al tiempo que se crean figuras administrativas como el defensor del menor, de la mujer o del consumidor son parte de ese proceso de gobernación política en la época de la mundialización neoliberal.
          La globalización neoliberal es un proceso de superación de fronteras decidido políticamente (no es un proceso natural como la lluvia o la tormenta); fue motivado por las necesidades de valorización del capital y posibilitado por el extraordinario desarrollo tecnológico y abaratamiento de los transportes y comunicaciones.

 Se trata de “mercados libres” para que “los predadores exploten a sus víctimas, sin regulación pública ni policías económicos”; mercados libres como los construidos en los últimos treinta años por los Bancos Centrales, los Tribunales de la Competencia y los mecanismos reguladores del Mercado de Valores.

          Los arquitectos de esta cruzada neoliberal y anticomunista fueron: Margaret Thatcher, Ronald, Reagan, Helmut Khol y Juan Pablo II. Sucedió esto, gracias a la renuncia de su ideario de: François Mitterrand, Felipe González, De la Madrid, Salinas y Zedillo, Carlos Andrés Pérez, el peronismo, terceras vías, etc. Cuando el neoliberalismo convence a la socialdemocracia y a una parte de la ciudadanía de que tienen que pensar como ellos, es que ha ganado.
          Si bien crecían por un lado los regímenes formalmente democráticos, la calidad de la democracia veía empeorar sus índices. Estas gentes se encargaron de deslegitimar los discursos colectivos, de alentar el individualismo y de argumentar el agotamiento del Estado de bienestar y de las propuestas transformadoras. 

   Lo que fue la gallina de los huevos de oro del neoliberalismo terminó siendo sacrificada por sus propios dueños. El hundimiento de la URSS y el arrogante triunfo del modelo capitalista construyeron, al margen de toda prudencia, un capitalismo desbocado.

          Los principios básicos del neoliberalismo tienen como objetivo central conseguir la derrota de la clase obrera, que era la de quienes impedían “el reino de la libertad”. Pero cuidado, benditos lectores: una derrota sin su desaparición como clase en una sociedad sin clases. 
En tiempos de autoexplotación, el sueño neoliberal es que todos seamos autónomos, verdaderos autónomos o falsos autónomos. Siendo así, ¿quién iba a enfadarse con los explotadores? Además, como nuevos reyes absolutos, de todo, siempre y cuando lo desregulemos, lo convirtamos en una mercancía y poseamos suficiente dinero para pagarlo.

          El objetivo es cambiar las estructuras del país para que crezca con más empuje en el futuro, sin indicar a costa de quién se harán los cambios, sin especificar si habrá compensaciones para aquellos que más tienen que perder. Una de las conclusiones que podemos sacar es que el modelo neoliberal ha utilizado para conseguir su poder social: el miedo, la indiferencia ante los asuntos colectivos como valor principal y la delegación política.

          Según la teoría neoliberal, cada ciudadano es, por naturaleza, el mejor juez de su propio interés y debe dársele libertad para satisfacerlo, puesto que así, en una armonía natural –que se rompe cuando hay intervención pública-, impulsará el bien común. 
Al buscar su propio provecho, cada individuo es conducido “por una mano invisible” que permite que las acciones emprendidas por su propio interés confluyan en resultados globales, en la obtención del dividendo social del producto de la actividad económica de la sociedad.

 Todo bajo el imperio de las leyes naturales, sin intervención del Príncipe… El modelo neoliberal ofrece bajadas de impuestos, privatizaciones o renuncias a la oferta pública de bienes privados que rebajan la carga del Estado y generan la sensación de bienestar inmediato en la ciudadanía y que, sin embargo, supondrán en el futuro un encarecimiento de esos bienes esenciales. Jamás se ha sabido que hayan hecho mucho bien aquellos que simulan el propósito de comerciar por el bien común.

          Los defensores del neoliberalismo apuestan porque todo el mundo tenga derecho a dormir debajo de un puente o a tener tres Jaguar en su garaje. Este argumento tendría algo más de fuerza si no fueran siempre los mismos los que tienen los Jaguar en el garaje y siempre los mismos a los que le toca sufrir toda suerte de calamidades.
 El fascismo es una forma de poder sobre si todo es posible. El neoliberalismo, es lo mismo, pero legitimado por las instituciones políticas democráticas. Y de eso se trata ahora, de encontrar una nueva legitimación en lo que en la realidad no tiene legitimación alguna.

        ¿Cómo se explica a la gente que este proceso, que es la génesis de esta crisis financiera, es algo que tiene que ver con un proyecto político de los ricos para vivir mejor a costa de que la mayor parte de la gente, y en especial los trabajadores, vivan peor?  Cuando ves a un dirigente de izquierdas decir que el problema es el neoliberalismo, te das cuenta de que estamos perdiendo, porque eso la gente no lo entiende.

Hay que ser capaces de traducir a lo cotidiano lo que implican las recesiones y las crisis de un sistema que va más allá de los estados, y esto no es nada fácil porque el pensamiento político de la gente se ubica en el país en que vive. El incremento de la gente que se entiende como “apolítica”, y renuncia a ella, está contribuyendo a perpetuar y alimentar el sentido común neoliberal imperante.
          Los países de la Trilateral que representaban el 10% de la población mundial poseían el 80% de los recursos del planeta, así como la máxima responsabilidad en el deterioro ecológico; recomendaban que los Estados debían cambiar su sustancia pluralista y democrática alcanzada en el período de posguerra, para dejar espacio a formas de gobierno supranacional que garantizaran principalmente el comercio mundial.

            La utopía neoliberal es el sueño de unos pocos que dominan a muchos con un guion excelente donde al final, como en las grandes tragedias, necesariamente muere mucha gente.

POSDATA. - Los señores Ramón Lobo, Ricardo Romero, Joaquín Estefanía, El Gran Wyoming, Iñigo Errejón y Julio Anguita han sido los grandes inspiradores de este escrito. Admiración y gratitud siempre.

          “Porque la quería” es una canción intimista donde nos habla de las nuevas condiciones que el amor plantea en los tiempos modernos; un amor sin pactos ni compromisos que, en cambio, esconde la inseguridad, lo volátil de los sentimientos, la negativa al compromiso. Grabada en 1981 dentro del disco “En tránsito”.

Porque la quería

no quiso papeles
ni hacer proyectos con vistas al futuro.
No confiaba en él
y quiso estar seguro,

que cotidianamente

tendría que ganarla
con el sudor de su frente.


Porque la quería

no quiso con ella
hacer un nido en donde abandonarse.
No confiaba en él
y quiso asegurarse.


Porque la quería,

por no despertarla
dejó de dirigirle la palabra.
No confiaba en él
ni se atrevió a cambiarla,

y puso en pie de guerra

su buena fe y sus sentidos
por llegar a conocerla.


Porque la quería

se fue para siempre,
quiso poner a salvo aquella imagen.
No confió en ella
y quiso asegurarse.


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