“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino
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jueves, 8 de diciembre de 2016

Barbero, una profesión en deshuso. Manuel Requena Diaz "Santaneta" más de cincuenta años afeitando y cortándoles el pelo a sus paisanos.

Manuel Requena Díaz (1937), más conocido por "Manolo Santaneta" aprendió el oficio de barbero y peluquero ayudándole a su padre, José Requena Rey. Su abuelo Francisco también había sido barbero. Manolo es una persona afable, muy trabajadora y de excelente trato con el cliente. Y un gran profesional.

Cuando yo tenía diez años, ya me cortaba el pelo en el mismo lugar que lo hace su yerno Dionisio García, en calle Las Eras. También estuvo muchos años con el su hijo José Manuel. El oficio del barbero era afeitar, cortar y acondicionar el cabello de forma sencilla, nada sujeta, como ahora, a la tiranía de la moda donde se dan una enorme cantidad de tendencias y estilos tanto en hombres como en mujeres. 

 Con diez años, Manolo acompañaba a su padre a las labores -casas de campo- a "arreglar" a sus dueños. El recorrido lo hacían primero andando. Salían muy temprano, a las seis de la mañana, por el camino del Estrecho y en la casa "La Atalaya arreglaban a los primeros: Gaspar y Pepe y de paso almorzaban con ellos "collejas fritas". De ahí bajaban a la Venta del Gitano donde vivían dos familias. 

   Los siguientes destinos eran las casas La Parrala, La Paloma, Pájaro, La Giralda (donde hoy está la Cárcel), La Ventica Vieja (en esta vivía Belda), el Alto, el Librero, el Rincón, Oliver (a sus dueños les llamaban los Gachós unos muleteros y tenían una bodega en la calle Las Eras, junto al Bar Valencia). Seguían por casa Los Pinos,  Quemás, Casa Flores, Casa Lucas, la Bodegueta, Conejo y La Cruz.

   Con 14 años, Manolo se compra una bicicleta y, años más tarde, una moto a Eduardo el Practicante y otra a Emilio Marzá. Motorizado, llegaba más lejos, como a Las Cañas, el Pocico, La Rueda y la Zafra. De allí pasaba a la Casa Blanca, Juntas, Las Nogueras, el Hondo, Casa Franco, La Meca y Casa el Infierno y por la Carretera de Montealegre a las Casicas de Pina, los Altos de Yecla, Martin Gil, La Tallá, los Algibes y las Chozas 
   El primer local en el que instalan la barbería es en la Plaza del Carmen, donde más tarde se montará el Bar Mirenos. Allí estaba la peluquería del "El Cojo Loren" y su hijo Jesús. Además de afeitar, vendían sombreros y gorras. Al irse a  trabajar a Valencia, le traspasan la barbería al padre de Manuel por la cantidad de 5.000 pts y por un solo año, ya que estaba acordado que Pepe "el de los Coches instalaría en este local una Agencia de la Renfe. Corría el año 1951

Al finalizar el contrato, Manolo y su padre se van a la calle Las Eras a un pequeño local cuya dueña era Antonia Martínez, con un alquiler de 40 pts al mes. Más tarde, por 60 pts, se desplazan a la esquina, dentro del mismo edificio, donde lleva a cabo alguna reforma por su cuenta.

   A los 8 años, el edificio se derriba y vuelve a levantarse dejándole un local de 15 m2 de superficie por un rento de 500 pts mensuales. Por mediación del Notario José Mª García de la Cuadra consigue que le rebajen 100 pts durante dos años. En este local de la calle Las Eras ha estado Manolo con su hijo, hasta que se ha jubilado dándole el relevo a su yerno Dionisio.

   Vivía de alquiler en la calle El Molino, enfrente de La Goleta, donde pagaba 1 pts al día. Más tarde compra una casa en la calle El Molino, por 130.000 pesetas, que acababa de construir el maestro "Piquillos". La pagó realizando 80.000 servicios en 5 años. Había que estar muchas horas plantado delante del cliente.
    Manolo recuerda el nombre de todos los barberos-peluqueros de entonces, sobre todo de su abuelo Francisco Requena, el "Moreno Santaneta" que tenía la barbería en calle La Rambla donde tras su jubilación se instalará su hermano Vicente Requena Rey "El Rojico"

  Además de su abuelo, por esa zona estaba Manolo "Cabila" y Pepe Bravo en la calle Maestro Serrano. En la calle Mayor había varias. Estaba la de "Paquito", al lado de la Farmacia de Rosarito y, enfrente del Ayuntamiento, la de Juan Bañón "Juanito". Su padre también había sido barbero. 

   En la calle Las Moreras estaba la barbería de José Tecles y su hijo Julian. Además de afeitar, hacían esteras y capazos de pleita. Más tarde, Julian se traslada a la calle Las Eras, enfrente de la panadería de Matabueyes y la taberna del tío Rastrillador. En la calle San Antonio estaba la barbería de Antonio el "Golilla", al lado de la tienda de Las Regoletas con un rótulo donde podía leerse "Vacías". 

   En Las Eras Vicente "el Sardina" la tenía en el mismo sitio que más tarde se instala Julian el "Espartero". Un poco más abajo, en la vivienda del "Peque", tenía la barbería Albertos "el Muñequero" y, enfrente de la Posada de San Antonio, estaba el barbero más poeta y mejor rapsoda de todos: Pepe Bañón "Balbina" al que además del teatro le gustaba la agricultura. Tenía un bancal de manzanos en Las Suertes.

    En la calle San Jaime tenía la barbería Francisco "el Alpargatero" que, además de barbero, trabajaba en la tejera que había enfrente del puesto de la Cruz Roja de la que era dueño. Más tarde, esta cerámica se convirtió en un taller de coches y hoy es un Bar Restaurante. En la calle Virgen de Gracia, al lado de la Ferretería de Sánchez, "Luchana tuvo abierta, durante dos años, una peluquería convertida más tarde en tienda de comestibles "Casa Carmen". Era suegro de Juan, el de la "Casita de Papel".

      Santiago Tecles la tuvo en la calle Maestro Serrano, trasladando la barbería después a La Encina. Además de barbero, como muchos otros, hacía pleita. Más tarde se fue vivir Cataluña. Su mujer era familia de Ambrosico Sánchez. 

 En la calle Santa Ana tenía una peluquería José Clemente que después la trasladaría enfrente del Mercado donde su hijo Joaquin ha continuado la profesión. Clemente se especializó en el corte de pelo a navaja. Toda una revolución. Pedro Martínez la tuvo  en la calle El Molino y, en la calle El Mercado estaba  Miguel Belando y, años más tarde, Francisco "Ramuchas".

  Manolo recuerda cuando un arreglo, que consistía en afeitado y corte de pelo, costaba 2 pts  precio que después subió a seis reales, más tarde a 3 pts y poco a poco, fue subiendo a 100, 200, 300, 350 pesetas hasta llegar al precio de hoy que un corte de pelo que cuesta alrededor de 10 euros. De dos pesetas a 1.654, en sesenta y cinco años. 

   ¡Cómo ha cambiado la cosa¡. Las barberías de entonces eran centros de reunión, de debate y de intercambio de ideas. No solo te afeitaban sino que por el mismo precio te enterabas de lo que le había ocurrido a fulanito/a y de todo lo que acontecía en el pueblo. 

   Esta labor social se daba tanto en barberías como en las peluquerías de señoras. Más o menos como ahora con la diferencia de que son unisex y muchas de ellas auténticos Centros de Estética y Belleza. Vivimos en la era de la imagen y hay que cuidarla. 

 En estos momentos hay abiertas 16 peluquerías, la mayoría unisex, siendo la de Albertina una de las pioneras en ofrecer muchos más servicios que cuando empieza Manolo a trabajar de barbero, hace 65 años, poniendo al alcance del cliente "bienestar y belleza en todas sus acepciones"

   Porque... se ha puesto de moda cuidar y mantener la belleza corporal: mechas, tintes, rizadores, moldeadores, tratamientos de queratina, depilaciones, masaje, manicura, cejas...¡nada que ver con la austeridad de aquella época!. Llama la atención la afición de entonces a ponerle motes a todas las personas. De hecho, el que no tenía mote, por su nombre de pila... ¡no lo conocían!













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