“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

viernes, 23 de febrero de 2018

"La generación precaria", de Óscar de Caso. "Cuantos menos años tienen los jóvenes, menos probable se hace el apoyo a los partidos tradicionales, PP o Psoe, y más a Podemos y Ciudadanos".

          Han nacido en democracia, entre 1983 y 1997, tienen entre 18 y 32 años y representan el 16,3 por ciento de la población. Es la generación más azotada por la crisis: la que más sufre el paro –el doble que la media-, la precariedad laboral y la contracción salarial.
          En 2014, un tercio de los jóvenes aún no se había emancipado. A muchos de ellos se les ha privado de las oportunidades que debían haber tenido, arrinconándolos, situándolos en los márgenes, incluso excluyéndolos.
A consecuencia de ello, los jóvenes han emprendido un camino de diferenciación, adoptando aptitudes y comportamientos que tienen todos ellos en común el distinguirse de lo que dicen y hacen sus mayores.
     Se podría pensar que el empeño por diferenciarse de los padres es un rasgo característico de la juventud. Sin embargo, aunque es cierto que los jóvenes suelen protagonizar las transformaciones sociales, lo que estamos presenciando en España, pero también en otras democracias, va más allá.
En nuestras sociedades, los jóvenes han pasado de ser precursores a convertirse en antagonistas: más que explorar nuevos recorridos, buscan transitar hacia destinos contrarios.
          Los millenials (entre 18 y 32 años), según las encuestas, dicen confiar poco a nada en los demás, agudizándose entre aquellos que viven situaciones más vulnerables.
          En España, la quiebra del bipartidismo no se habría producido de no ser por los jóvenes, según el CIS, en la elecciones de junio de 2015 el 21 por ciento de la juventud vota al PSOE o al PP, mientras  el 50 por ciento  lo hace por uno de los dos partidos emergentes Podemos y Ciudadanos; si echamos la vista atrás, en otros comicios los jóvenes votaban en su práctica totalidad por el bipartidismo, de lo que se deduce: que cuantos menos años tienen los jóvenes, menos probable se hace el apoyo a los partidos tradicionales.
          En la práctica, la fractura del conflicto no es la edad sino los derechos asociados a la misma: resulta llamativo que ninguno de los partidos tradicionales haya entendido a tiempo la magnitud de esta nueva fractura social. A los partidos emergentes se han sumado muchas de las personas nacidas después de 1970, que piensan que nadie les ha ayudado a superar los obstáculos que les impiden elegir su propia vida.
  A estos nuevos partidos se han unido también todos aquellos que creen que, con urgencia, se debe hacer frente a la enorme desigualdad de hoy en día.
          Las cifras de las encuestas son claras: en otoño de 2015 únicamente el 6,3 por ciento de ellos dice confiar en Rajoy, mientras que entre los mayores la cifra es del 65 por ciento. En la época de Zapatero, en 2008, las cifras se situaban en que el 43 por ciento de los mayores confiaba en ZP, entre la juventud la cifra era del 38 por ciento.
          Los jóvenes españoles, a diferencia de sus mayores, ya no se definen mayoritariamente como “conservadores o socialistas”: ellos son sobre todo, “liberales o progresistas”. Son, así mismo, menos españolistas, menos centristas, y más laicos que sus padres y abuelos: el 7 por ciento de ellos reconoce tener una pareja del mismo sexo, frente al 1 por ciento que así lo admite entre los mayores de 57 años.
          No sólo el sistema político sufre los efectos de la desconfianza de los jóvenes. La valoración de un conjunto de 34 marcas comerciales es peor entre los millenials que entre las generaciones de los mayores; las grandes firmas despiertan más recelo entre las personas de menor edad, aún más acusadamente entre las marcas de gran consumo de alimentación y bebidas.
          Debido a la crisis, la sobriedad ha marcado sus estilos de vida más que en ninguna otra generación anterior, les ha hecho compradores sensibles sobre todo al precio, más que a la calidad; compran en bazares y tiendas orientales, además, compran bienes de segunda mano (algo increíble hasta este momento) y practican el trueque. Se han hecho críticos con la forma de vivir de sus padres, a los que perciben enganchados a una rueda consumista carente de sentido.
          Resumiendo un poco: los jóvenes han emprendido un proceso de diferenciación forzado por las circunstancias que están atravesando y lo están haciendo de forma colectiva, esto es, como generación.
POSDATA.- Todos los datos estadísticos de este escrito se han tomado de los estudios y encuestas realizados por la socióloga Belén Barreiro, la que fue Presidenta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).
          En el año 1951 el portorriqueño Juan Antonio Corretjer compuso el son portorriqueño titulado “En la vida todo es ir”; fue en 1979 cuando Roy Brown hizo los arreglos musicales para este poema que describe lo inevitable que es el paso del tiempo y en la imposibilidad de volver atrás.

   Nos deja un itinerario vital que es el del hombre de a pie que ha de perseguir un ideal y que no puede saber lo que puede repararle el futuro. Ni pasado, ni futuro, sólo presente, sólo el camino.
           Es en el año 2000 cuando el señor Serrat lo versiona en su disco “Cansiones”, un trabajo en el que decide homenajear a América Latina que tanta fidelidad y cariño le ha demostrado.
En la vida todo es ir
a lo que el tiempo deshace,
sabe el hombre donde nace
y no donde va a morir.
El hombre que en la montaña
—por la cruz de algún camino—
oye la voz del destino,
se aleja de su cabaña.
Y prosiguiendo su hazaña
se dirige al porvenir
una esperanza a seguir.
Más no ha de volver la cara,
pues la vida es senda rara:
en la vida todo es ir.
Miro esa palma que airosa
su corona al sol ostenta
y miro lo que aparenta
la esplendidez de la rosa.
Contemplo la niña hermosa
riendo a lo que le place,
y lo que el viento le hace
a la hoja seca del jobo:
es la vida como un robo
a lo que el tiempo deshace.
Tuve un hermano que dijo:
—“Cuando salí de Collores...”
Así cantó sus amores
al Valle del que fue hijo.
Una y otra vez maldijo
la gloria que en letras yace,
(y en que su nombre renace)
pues que llegó a comprender
lo poco que es el saber:
sabe el hombre donde nace.
No hay más. Un solo camino
que se quisiera tomar,
más la suerte del andar
maltrata y confunde el tino.
Nadie niegue su destino.
Es que ser hombre es seguir
—y un ideal perseguir—
por la vida hacia adelante,
sabiendo lo que fue enante
y no donde va a morir.

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