“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

sábado, 17 de septiembre de 2016

En "Nos estan robando las palabras", Óscar de Caso cuenta que también se utilizan como "arma de manipulación masiva de efectos devastadores"....

                    
"Nos estan robando las palabras", de Óscar de Caso.

          Decía el Sr. Valle Inclán que los poetas tenían derecho al alfabeto y, en virtud de su dominio de las palabras, la facultad de rebautizar la realidad. Los poetas tapan para descubrir, velan para desvelar, miran en ángulos inverosímiles para enseñar lo sencillo. Porque la poesía muestra lo que está ahí y no se ve, es por lo que tiene esa potencia subversiva. Los verdaderos poetas rara vez habitan las zonas grises de la dictaduras. Son reos de cárcel y exilio o agradecidos invitados en la corte.

          La capacidad de seducir y de ocultar las palabras es tan grande que, cuando esa capacidad no se gestiona democráticamente, se convierte en un arma de manipulación masiva de efectos devastadores. Cuando la palabra está oculta en fortalezas, sólo defiende a sus moradores. Sólo a través de la sátira, de coplas populares, de historias de esperanza, saltaban las palabras esos muros y regresaban a sus verdaderos moradores.

  Como dios de un nuevo Génesis, el ejército norteamericano quita importancia a la vida y habla de “daños colaterales” en sus guerras. Los muertos y asesinados desaparecen de escena y habitan solamente en los irreales espacios de las pantallas de cine. Las rebajas de impuestos a los ricos, las denominó la Administración Bush como “alivio fiscal”, lo que convertía al Estado en delincuente y a los ricos en víctimas. Como ocurre con las coronaciones reales, cuanto menos racional es el poder, más necesita engalanarse.
          Las autoridades de los Estados Unidos se refieren a “procedimientos de facilitación de ulterior información”, para evitar la dureza y contundencia de la palabra “tortura”. De la misma manera, para las instancias financieras internacionales de Washington la corrupción no es sino “beneficio extraordinario no consignado o partidas presupuestarias reasignadas unilateralmente”. 

Desde el Vaticano se sugiere que, frente a la expresión “pederastia”, usada por las asociaciones de padres y madres afectados, convendría referirse sin más a “traición a la gracia del Orden sagrado”, menos ominosa para los clérigos afectados. Juan Pablo II afirmaría, en medio de la crisis por las numerosas acusaciones a sacerdotes católicos por abusos a menores, que lo que ocurría era, simplemente, que algunos estaban cediendo “a las peores manifestaciones del mysterium iniquitatis que actúa en el mundo”.

          No olvidemos que hoy llamamos “democracia” a algo que difícilmente podría recibir ese nombre apenas hace treinta años. Hoy también podemos decir que ya no hay despidos o pérdida de empleo sino ajustes de plantilla. Al igual, asumimos “flexibilización laboral” allí donde antaño estaba “precarización del trabajo”.

 En vez de estancamiento, “crecimiento cero”. Estamos incluso dispuestos a aceptar, en vez de trabajo basura, la más elegante expresión “minijob”. Sacar medicinas de la seguridad social y hacer que se compren en la farmacia se llama “copago” (como si no se pagan ya con los impuestos). Y cuando “copago”  se carga negativamente, se habla de “ticket moderador”. No hablaremos de “recesión”, sino de “tasa negativa de crecimiento”.
          Nunca se "abaratará el despido", sino que se “flexibilizará” el mercado laboral; ya no existen omnipotentes y despiadados empresarios, sino “emprendedores”, y en vez de capitalismo, que resuena con una intolerable carga ideológica, preferimos “economía de mercado”, que es lo mismo pero en elegante. En vez de guerras hablaremos de “misiones humanitarias”; violencia doméstica por violencia machista (como si te asaltaran las sartenes y no tu pareja), y regularizar capitales ocultos o amnistía fiscal, serán los eufemismos que enmascaran lo que son privilegios a los defraudadores. 

   También “inmigrante ilegal” y no “indocumentado” (como si los seres humanos pudieran ser ilegales), “adelgazaremos” los servicios públicos (quién puede estar en contra de una cura contra la obesidad del gasto público); al tiempo que las casas reales no se separan ni se divorcian, sino que realizan “ceses temporales de la convivencia”.

          Nunca se dirá emigración de los jóvenes sino “movilidad exterior”, y antisistema no es el que desemplea a seis millones de personas, recibe sobresueldos provenientes de dinero negro o financia ilegalmente su partido sino el que lucha contra ese fraude ejerciendo la desobediencia civil.

          Los años de uso de estos conceptos, junto a la calidad y cantidad de los órganos emisores, han convertido estas nociones en un nuevo sentido común, en una expresión familiar asumida incluso por buena parte de los que se mueven en lógicas opuestas (por ejemplo los sindicatos o los partidos de izquierda). 

Tenemos que hacer de los diccionarios, instrumentos revolucionarios para saber, que decencia significa apropiado, digno, honesto. Hacer nuestras las palabras para que digan lo que quieren los pueblos y no lo que exijan sus falsos dueños. Para que digamos democracia y, como en los designios de un genio de la lámpara, se haga la democracia.
MARIO BENEDETTI – EXISTIR TODAVÍA 2004
LAS PALABRAS.

No me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro.

si usted habla de progreso
nada más que por hablar
mire que todos sabemos
que adelante no es atrás.

si está contra la violencia
pero nos apunta bien
si la violencia va y vuelve
no se me queje después.

si usted pide garantías
sólo para su corral
mire que el pueblo conoce
lo que hay que garantizar.

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro.

si habla de paz pero tiene
costumbre de torturar
mire que hay para ese vicio
una cura radical.

si escribe reforma agraria
pero sólo en el papel
mire que si el pueblo avanza
la tierra viene con él.

si está entregando el país
y habla de soberanía
quién va a dudar que usted es
soberana porquería.

no me gaste las palabras
no cambie el significado
mire que lo que yo quiero
lo tengo bastante claro.

no me ensucie las palabras
no les quite su sabor
y límpiese bien la boca
si dice revolución.

                                                                                                                           
       

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