El
socialismo, a través de la historia y de la justicia, se ha hecho portador de
una elevada misión: liberar a la humanidad de servidumbres para conseguir la
libertad. Si no lo llega a lograr se autoinculpa del fracaso. El motivo
principal de este fracaso es la ausencia de un frente unitario de izquierda;
situación ésta, de haberse producido, la ciudadanía les habría apoyado de modo
incondicional.
Si, bien es cierto, hay causas más cercanas como el asfixiante
lenguaje de los medios de opinión, la postura de la derecha en el conflicto
catalán, el nuevo nacionalismo español o bien las dudas sobre la cuestión de
los inmigrantes. Aunque viendo el lamentable ascenso del neoliberalismo pocas
posibilidades tiene la izquierda de transformar la sociedad.
Hubo un
tiempo, después de la Segunda Guerra Mundial, en la que los ciudadanos estaban
convencidos que ellos decidían el tipo de sociedad y economía que deseaban,
convencidos que desde la política todo podía cambiarse. Aunque la economía
desempeñe un papel importante “en última instancia”, a la política le
corresponde la “instancia dominante”.
En estos últimos tiempos, las democracias
han flaqueado como autogobierno, tan solo se reemplazan las élites dominantes.
Parece que ésta, es la tónica dominante a consecuencia de la incapacidad de
movilizar a una mayoría social.

En el caso de
que esa mayoría social se movilice y termine en revolución de corte socialista,
casi nunca han tenido un final feliz; se transforman en regímenes tiranos e
ineficaces y no consiguen el progreso que aseguraban, saltándose los principios
de tolerancia, las limitaciones de los gobiernos y los derechos de las
personas.
Es de creer que este tipo de revoluciones, en la mayoría de las
ocasiones, se han practicado en países poco industriales y en circunstancias
terribles. El caso más agudo es el comunismo, donde el Estado es el motor desde
donde se puede cambiar la justicia y la libertad. En estos países se creó entre
la clase obrera y el campesinado una atracción ante las promesas de cambio
radical que defendían los comunistas frente a los socialistas.
Debido a que la
Iglesia se colocó del lado de la oligarquía, se logró un anticlericalismo
tremendo contribuyendo a una revolución “un tanto alocada” en el transcurso del
tiempo de entreguerras. Posteriormente, en el transcurso de los Años de
Bienestar, el comunismo intentó transformarse en eurocomunismo, pero aquello
“era otra cosa”.
La razón básica de porque no triunfó el eurocomunismo en
aquella época fue debido a que se obtuvo un equilibrio en la relación entre
capital y trabajo; consiguiendo la clase trabajadora un potente poder de
negociación. Los sindicatos conscientes de su poder, presionaron en exceso al
capital (reivindicaciones salariales, huelgas) apareciendo los primeros
síntomas de inflación.
Fue a partir de los años sesenta donde ya nadie tenía
duda de que la socialdemocracia había renunciado en los países occidentales a construir
el socialismo. La socialdemocracia empezó a perder poder en el sistema
productivo rompiendo la tensión lograda entre capital y trabajo durante “los
treinta años gloriosos”.
El cálculo aproximado de pérdidas de la
socialdemocracia en 2018 era de 4 votantes de cada 10 con respecto de 1950.
Otro dato muy relevante es el declive de la afiliación sindical en los países
desarrollados; esta pérdida también es consecuencia de los cambios tecnológicos
y de organización del trabajo; la clase obrera se ha atomizado y su capacidad
de acción se ha reducido.
Una de las
bases de la socialdemocracia era precisamente los trabajadores de cualificación
media; al producirse un distanciamiento enorme entre los trabajos de alta
cualificación y los de baja cualificación quedando el centro (las
cualificaciones medias) poco poblado. El estado de bienestar se mantenía, se hicieron
reformas que aumentaban la desigualdad económica, lo que producía que el
gobierno tuviese que introducir políticas sociales cada vez más gravosas para
el erario público.
Como el
Estado no distribuye con justicia la renta, las familias se vuelven más pobres,
y recurren inexorablemente al crédito. Es en ese momento cuando comienza el
endeudamiento de los hogares (compra de vivienda). Las clases asalariadas se
hacen más dependiente del crédito y al Estado le resulta mucho más difícil
hacer una reforma profunda del sistema.
Las
necesidades de la globalización reducen la democracia en lo que a políticas
económicas se refiere, lo que supone en la realidad que los gobiernos hacen
políticas económicas muy parecidas, aunque sean de ideologías distintas.
Cuando
ganaron los socialistas las elecciones en el 82 el gasto en políticas sociales
hasta el 89 quedó prácticamente congelado, donde se incrementó notablemente fue
en educación. Una vez más se produjo la incoherencia entre lo prometido y lo
realizado.
Sólo con la presión de la huelga general que se produjo el 14 de
diciembre de 1988, que paralizó completamente al país, se produjo una fuerte
expansión del gasto social; fue la ciudadanía la que les obligó a hacerlo.
Lo
verdaderamente asombroso es como el PSOE ha recuperado su credibilidad; aunque
parcial, pues los resultados de las elecciones de abril de 2019 son muy
parecidos a las de 2011, y en ese momento se consideraron una catástrofe.
La canción
que toca hoy data de la primavera de 1970, incluida en el disco Serrat 4, con
título “Conillet de vellut” (Conejito de terciopelo). Nace de un desengaño
amoroso del cantautor, desarrollada con mucha ironía. El referenciado “conejito
de terciopelo” es la modelo danesa Susam Holmqvist con quien Serrat tuvo una relación
sentimental concluida de forma inesperada y sin aviso.
Como anécdota chismosa
en uno de los versos de la canción el catalán detalla su número de teléfono por
si la bella modelo tuviese a bien llamarle para darle explicaciones de la ruptura.
¿Qué ocurrió?: que tuvo que cambiar de número a consecuencia del aluvión de
llamadas recibidas por la gente.
Era suave como el terciopelo,
y miedosa como un conejo pequeño.
Snoopy era su héroe
y le gustaba jugar como un chico,
y de la mano
me llevaba arriba y abajo sin parar.
Como una cometa
dando volteretas por el cielo,
(es bonito el tiempo de amar),
y no fue aquel un tiempo perdido.
Conejito de terciopelo.
Pero el conejo fuera del nido
me engañaba con cualquier objetivo,
se me perdía en el agujero
de una Nikon o una Hassenlblad...
Había que escoger:
o escaparse, o hacer
un 'ménage à trois'.
Pero esto es inmoral
cuando se es un hombre como es debido,
ibérico, macho y cristiano,
y me quedé solo y jodido,
conejito de terciopelo.
El Elle, el Vogue y el Harpers Bazaar
te fusilan en cada ejemplar.
Dicen que te ha dado un sitio
Richard
Avedon en New York.
No te puedes quejar.
Lo que soñabas ya lo tienes en la mano.
Te conoce la gente,
te ama un adolescente
y un abuelo te quiere adoptar.
¿Eres feliz con tu nuevo amante?
Conejito de terciopelo...
Pero hoy he visto el cielo abierto,
Dios, que es bueno y sabe lo que he sufrido,
me ha dejado sus consejos
en un escaparate de casa Castells,
y me he comprado
el libro "La fotografía es un arte".
Y antes de un mes
seré mejor que Pomés.
Ya sabes dónde me encontrarás...
203 82 82
conejito miedoso.
Sin una excusa ni un recibo,
conejito de terciopelo.