“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

miércoles, 2 de agosto de 2017

"Venezuela: Bolívar, un libertador; Maduro, un encarcelador" por Óscar de Caso. "Las revoluciones sólo son posibles cuando han operado previamente cambios en las mentalidades de los ciudadanos".

         
 Una gran parte de los españoles casi siempre hemos entendido que en Latinoamérica han gobernado de forma dictatorial y tiránica unos dirigentes corruptos y mentirosos que se han aprovechado descaradamente del pueblo y que han gobernado cuidando tan sólo sus intereses privados.

          Estos tipos han alcanzado el poder en terribles golpes de estado, con ayudas inestimables de grandes potencias, amañando elecciones fraudulentas, perpetuando apellidos.

          Creo entender que hemos pensado que estos pueblos, al parecer, tenían lo que merecían o lo que deseaban y no podían evitarlo. Desde hace dos o tres décadas hemos comprobado que no era como pensábamos, que nos equivocábamos; que ansiaban la democracia igual que nosotros. Unos pueblos la han obtenido de forma pacífica y otros con revoluciones.
     
   Ocupémonos de las revoluciones. Vaya por delante  que los revolucionarios me producen mucho respeto. Las revoluciones sólo son posibles cuando han operado previamente cambios en las mentalidades. No es conveniente borrar su pasado pero si liberarlas de ese maleficio histórico que han padecido. En toda revolución profunda, la regla es que los explotadores, que durante bastantes años conservan sobre los explotados grandes ventajas opongan una resistencia larga, porfiada y desesperada.

          Ellos saben que si fracasan en su intento los “pasarán a cuchillo”, de ahí que se produzca lo que el señor Anguita, don Julio, llama “la visión califal del poder”, o lo que viene a ser la exaltación interesada del hombre por encima del colectivo.
 Esa actitud desprecia las instituciones, las elimina como interlocutor en la relación gobierno-gobernados y, en suma, sacraliza al gobernante máximo para establecer con él una dependencia semejante a la del ídolo con sus adoradores. Esta actitud transforma al gobernado en súbdito, al gobernante en sacerdote máximo, a la Ley en capricho personal, a la justicia en “un favor” para sus fieles y al gobernar en un rito maquiavélico desembocando en una pura dictadura.

           El caso más palpable de esta situación se ha desarrollado en la isla de Cuba donde una dictadura viene campando a sus anchas desde hace décadas; la revolución del Manifiesto de Sierra Maestra en el que prometían libertad ha fracasado; y que el embargo, aparte de tapar muchas cosas que no funcionan, ha producido mucho daño a los cubanos.
          El actual terrible caso de Venezuela tiene visos de terminar como en Cuba. Venezuela es un país rico, donde han gobernado siempre las fuerzas de derechas; y en el que también, al parecer, subsistía una población pobre que elevó al poder con su voto a Nicolás Maduro con un pequeño superávit de votos sobre su oponente. Los perdedores no aceptaron de buen grado la derrota, y en estos asesinatos estamos.
         “Las revoluciones no van a ser, como pensaba el marxismo, momentos de aceleración de la historia, sino momentos donde se deben echar los frenos de emergencia de la historia”. (Aunque no lo crean, benditos lectores, la autoría de esta afirmación pertenece a Juan Carlos Monedero).
          
Una poesía del señor Benedetti, don Mario, nos aliviará de tanto dictador de cualquier punto cardinal al que pertenezcan. Del libro “Cotidianas” de 1987, “Defensa de la alegría”

Defender la alegría como una trinchera 
defenderla del escándalo y la rutina 
de la miseria y los miserables 
de las ausencias transitorias 
y las definitivas 

defender la alegría como un principio 
defenderla del pasmo y las pesadillas 
de los neutrales y de los neutrones 
de las dulces infamias 
y los graves diagnósticos 

defender la alegría como una bandera 
defenderla del rayo y la melancolía 
de los ingenuos y de los canallas 
de la retórica y los paros cardiacos 
de las endemias y las academias 

defender la alegría como un destino 
defenderla del fuego y de los bomberos 
de los suicidas y los homicidas 
de las vacaciones y del agobio 
de la obligación de estar alegres 

defender la alegría como una certeza 
defenderla del óxido y la roña 
de la famosa pátina del tiempo 
del relente y del oportunismo 
de los proxenetas de la risa 

defender la alegría como un derecho 
defenderla de dios y del invierno 
de las mayúsculas y de la muerte 
de los apellidos y las lástimas 
del azar 
y también de la alegría.


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