“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

domingo, 13 de noviembre de 2016

"No nos engañemos", es el título de un artículo de caracter politítico, de Óscar de Caso.

         Este artículo, escrito y publicado en el Diario Córdoba, 48 horas antes de las Elecciones Presidenciales en USA, advierte al lector sobre el desenfoque y la falta de objetividad con que la campaña electoral se estaba desarrollando. La figura del senador Obama era presentada como una especie de libertador de los sufrientes y marginados. Los medios de comunicación y tertulianos levantaban expectativas de que se estaba ante una nueva era de la política mundial. 

          "No nos engañemos", de Julio Ánguita (resumen de Óscar de Caso)
Confieso que prefiero ver ganador al señor Obama. Pero a renglón seguido aclaro que esta preferencia mía se basa simplemente en valoraciones e inclinaciones hacia determinados aspectos de estética política; nada más. Veo con cierta alarma cómo  se está extendiendo y asumiendo la idea de que estamos ante un cambio importante en la política norteamericana. Me temo, si se confirma lo que auguran las encuestas, que se pase en poco tiempo de la ensoñación a la enésima frustración postelectoral.
          La llamada mayor democracia del mundo (será por su vasta extensión territorial) es un imperio vertebrado y gestado, desde los emigrantes del Mayflower (1620) hasta la actualidad, en el espíritu y valores de una sempiterna conquista de territorios, poder económico, mercados y supremacía militar junto con un trasunto de calvinismo, devenido en puritanismo, enraizado en la mayoría social y en las estructuras político-administrativas.

          El hombre que llegue al máximo puesto de mando es consciente de que el voto recibido se enclaustrará en casa y él quedará con la responsabilidad de dirigir y orientar la singladura de la misma. Lo que ocurre es que la hoja de ruta, la carta de navegación, la alta oficialidad y una parte no desdeñable de la marinería están troquelados por el acervo de acontecimientos, intereses e incluso imaginarios colectivos, que han construido a este precipitado histórico como primera potencia mundial.
          Kennedy fue asesinado, quedando prácticamente inéditos los hitos de su Nueva Frontera aunque sí le dio tiempo para apoyar la frustrada invasión a Cuba o la progresión en la guerra de Vietnam. Clinton, otra esperanza del Partido Demócrata, intensificó el bloqueo contra Cuba (la ley Helms-Burton) y lideró la Guerra de agresión contra Yugoeslavia y otras intervenciones menores.

          Con el mayor endeudamiento público que se conoce, 10,2 trillones de dólares, un Wall Street con arritmia bursátil, una banca desahuciada y asistida desde el erario público, una estrategia de política exterior totalmente errónea y violadora del derecho internacional, una involución en los derechos humanos y las garantías democráticas ciudadanas, un fracaso como estado asistencial y una brecha creciente entre una minoría bien instalada y una mayoría en proceso de empobrecimiento cuando no de depauperación...
 Y todo ello en el marco de una crisis global de civilización dominante, necesita de tales reformas, apoyos cívicos y militantes y cambios estructurales que sería entrar en guerra con los intereses de las petroleras, las lobbys, los cartels y trust mediáticos, los negocios en Irak, el lucro expectante en Afganistán, el sionismo y una parte importante de la población enganchada en la ideología de la patria elegida por Dios.
 La intelectualidad lúcida y por ende crítica, que la hay, los defensores consecuentes de la democracia ciudadana, los derechos humanos y un cambio hacia una nueva conciencia nacional e internacional, que también las hay, pesan poco por desgracia hoy por hoy en esas latitudes.

          Y es que en determinadas coyunturas históricas lo que ha de hacerse por el bien de los intereses oligárquicos (so capa el patriotismo) necesita de una mano y un rostro enaltecidos por el aura del cambio y la renovación. Y eso es así  más allá de las prendas personales el elegido para esta misión.

"La Bullonera" cantó esta canción hace 38 años aprox.
Observen como la historia se repite.
         POSDATA.- Como viene siendo casi habitual en mis escritos finalizaré con un poema relacionado con el tema del escrito; en este caso el poema: “Notas de un viajero” del poeta asturiano Ángel González.

Siempre es igual aquí el verano:
sofocante y violento.
Pero hace muy pocos años todavía
este paisaje no era así.
Era más limpio y apacible -me cuentan-,
más claro, más sereno.
Ahora el Imperio contrajo sus fronteras
y la resaca de una paz dudosa
arrastró a la metrópoli,
desde los más lejanos confines de la tierra,
un tropel pintoresco y peligrosos:
aventureros, mercaderes,
soldados de fortuna, prostitutas, esclavos
recién manumitidos, músicos ambulantes,
falsos profetas, adivino,s bonzos,
mendigos y ladrones
que practican su oficio cuando pueden.
Todo el mundo amenaza a todo el mundo,
unos por arrogancia, otros por miedo.
Junto a las villas de los senadores,
insolentes hogueras
delatan la presencia de los bárbaros.
Han llegado hasta aquí con sus tambores,
asan carne barata al aire libre, cantan
canciones aprendidas de sus lejanas islas.
No conmemoran nada: rememoran,
repiten ritmos, sueños y palabras
que muy pronto
perderán su sentido.
Traidores a su pueblo,
desterrados
por su traición,
despreciados
por quienes los acogen con disgusto
tras haberlos usado sin provecho,
acaso un día
sea ésta la patria de sus hijos;
nunca la de ellos.
Su patria es esa música tan solo,
el humo y la nostalgia
que levantan su fuego y sus canciones.
Cerca del Capitolio
hay tonsurados monjes mendicantes,
embadurnados de ceniza y púrpura,
que predican y piden mansamente
atención y monedas.
Orgullosos negros,
ayer todavía esclavos,
miran a las muchachas de tez clara
con sonrisa agresiva,
y escupen cuando pasan los soldados.
(Por mucho menos los ahorcan antes.)
Desde sus pedestales,
los Padres de la Patria contemplan desdeñosos
el corruptor efecto de los días
sobre la gloria que ellos acuñaron.
Ya no son más que piedra o bronce, efigies,
perfiles en monedas, tiempo ido
igual que sus vibrantes palabras, convertidas
en letra muerta que decora
los mármoles solemnes en su honor erigidos.
El aire huele a humo y a magnolias.
Un calor húmedo asciende de la tierra,
y el viento se ha parado.
en la ilusoria paz del parque juegan
niños en español.
Por el río Potomac remeros perezosos
buscan la orilla en sombra de la tarde.





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