“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

martes, 18 de octubre de 2016

De la tradición de hacer encaje de bolillos: 157 amaters se reunieron este fin de semana en La Sala en el "VIII Encuentro de Bolilleras".

    El encaje de bolillos esta de moda y cada vez tiene más adictas. Las clases para recuperar esta singular forma de tejer se iniciaron hace 16 años en la Universidad Popular con Mª Jesús Llacer Gómez como profesora. Este año hemos echado de menos a Pedro Jorge Mollá -el único varón que se atrevía con los bolillos-, Licenciado en Bellas Artes y que también ha realizado un Master en "Restauración y Conservación de Bienes Culturales". El pasado año me contaba que en Londres, donde estuvo dos años, y entre los jóvenes, "está de moda realizar este tipo de trabajos". 

     Se trataba del "octavo encuentro de bolilleras" que organiza la Casa de la Cultura, al que asistieron 157 mujeres de distintos pueblos: Albacete, Villena, Almansa, Novelda, Agost, Bañeres, Munera, Yecla, Onteniente, Oliva,... No cabe duda de que este oficio, que ahora se utiliza como hobby, esta en alza.

     Pude comprobar como trabajan estas mujeres el hilo para confeccionar infinidad de prendas con técnicas muy distintas como "duquesa", "fribolité", "ganchillo", maya o red, tul bordado con bastidor...aunque el bolillo era la especialidad más dominante. 

         El "encaje de bolillos" no solo es una frase hecha que se refiere a "realizar una tarea delicada, difícil y complicada" en cualquier actividad humana. ¡Incluída la política!. El Psoe está en plena tarea de "encaje  técnico" para ver de salir airoso del trance que tiene encima -solo le faltaba la postura de Iceta- para no tener que repetir por tercera vez las Elecciones Generales. 

    Es también un oficio en deshuso y, desde hace unas décadas, un inusitado interés por recuperar esta tradición que si hasta ahora se transmitía  de madres a hijas, hoy en día se aprende en los cursillos que organizan las Universidades Populares y otros organismos relacionados con las Concejalías de la Mujer, cursos que cada vez son más demandados. 
  Una almohadilla, alfileres, hilo (lino, seda, lana o algodón fino o grueso) una lámina con el diseño elegido, y sobre todo paciencia, son los ingredientes necesarios para realizar un bordado a base de bolillos. Una de las paticipantes afirmaba que “es un excelente ejercicio para quitarte el estrés de encima. Te pones delante de la almohadilla y se te olvidan todos los problemas”. 

   La señora que estaba realizando "malla" o "red de pescadores" me contaba que es una técnica muy antigua ya que en la tumba de Alfonso X el Sabio se encontraron restos de esta forma de tejer así como en la Senyera de Valencia. 

    Solo se necesitan un palo redondo, de metal o madera, cuyo grosor define la sección de la malla y una lanzadera. Y mucha practica, claro. Se confeccionan guantes y todo tipo de indumentarias eclesiásticas como casullas, paños de ofrenda...

    Con respecto al sistema "tul bordado" me decía que no va encajado. En una tela se dibuja una figura que sirve de guia, que después se retira, y con un pequeño bastidor se va tejiendo.  

   El Diccionario dice que el encaje de bolillos "es una técnica textil consistente en entretejer hilos enrollados en bobinas, llamados bolillos, para manejarlos mejor. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en una almohadilla. La posición de los alfileres vienen determinados por un patrón de agujeros en la almohadilla".

"Coser y cantar", dice el refrán. Esta canción la escuchaban nuestras madres
cuando se sentaban a coser.











                            
























                            








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