“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

viernes, 2 de octubre de 2015

Crónica del robo de 600 € a un jubilado en la puerta del Hogar del Pensionista el pasado viernes, día 25. Lleven ustedes precaución que estamos ante verdaderos expertos en este tipo de delitos.

 El pasado viernes fue V.A.C., de 86 años de edad, al Banco Sabadell a sacar 600 € de la pensión para hacer frente a ciertos pagos que tenía que hacer. Al salir a la calle siempre se ha guardado la cartilla y los billetes en el bolsillo interior de la chaqueta. Pero en esta ocasión, por las prisas o despiste, no lo hizo así y metió el dinero en el bolsillo del pantalón. Salio del Banco y se dirigió al Hogar del Pensionista. En la puerta lo abordaron dos mujeres preguntándole una de ellas "donde estaba la peluquería". 

     Nada más entrar al interior del edificio, V.A.C. se da cuenta que la cartilla y los 600 € le han desaparecido. Lo primero que hace es ir a denunciar la sustracción al Cuartel y despues al Banco para decirles lo que le acababa de ocurrir para que anularan la cartilla y le hicieran una nueva. Como V.A.C. recordaba haber visto a las dos sospechosas en los alrededores de la entidad bancaria -las mismas que le habían preguntado por la peluquería- en el Banco le comentan que van a revisar las cámaras para ver si aparecen y las reconoce.

              El 25, era viernes. Ni que decirles la cantidad de gente que a las diez de la mañana -hora en la que la víctima sale del Banco- hay, tanto en los alrededores del Sabadell como del Hogar del Pensionista. Es el día en que se dan las condiciones idóneas -cobro de la pensión y mercadillo- para la actuación de estos profesionales de la sustracción que, tras elegir a su víctima, actúan en el momento más propicio como es entrando a un edificio y distrayéndolo con una pregunta mientras sostenía la puerta con una mano. Seguro que no es el único afectado.

     Afortunadamente, V.A.C. se ha tomado el robo con mucha filosofía. ¡Menos mal! porque a mi vecina de la calle Santa Barbara, que le entraron a robar el día 4 de septiembre, le va a costar una enfermedad. V.A.C. nació en 1929 y me dijo que al comienzo de la Guerra Civil, con tan solo siete años, su padre lo pone a trabajar porque el Ejército había movilizado a sus tres hermanos mayores y a un cuñado y en la casa hacían falta brazos para las tareas del campo.

     Me contaba este simpático abuelete que todos los extremos son malos. "Ni las necesidades y calamidades que pasamos antes ni la permisividad y despilfarro de ahora". La vida a cambiado, y a mejor. Pero quedan todavía unos cuantos flecos sueltos que hacen peligrar el bienestar del que disfrutamos. Todo el mundo tiene derechos pero a muchos se les olvida que esta democracia también tienen obligaciones. La crisis social, económica y de valores ha dejado, como suena, con el culo al aire, la fragilidad de un sistema que tanto nos había costado conseguir tras una larga posguerra, una dictadura cuyo responsable  muere de viejo y una transición política con golpe de Estado incluido.

      Esta crónica ...¡no es nueva! Este tipo de robos viene de lejos. En diciembre de 2007, Ken Follet publicaba la primera edición de su libro "Un mundo sin fin", la continuación del best-seller "Los Pilares de la Tierra". En el primer capítulo cuenta como la niña Gwenda le roba una bolsa de monedas a Sir Gerald en los alrededores de un mercado, como en el caso de Caudete. Puede leerse "...a ella la habían enseñado a hurtar desde muy pequeña, una manzana de un tenderete de fruta, un huevo recien puesto bajo la gallina de una vecina, el cuchillo de un borracho olvidado por descuido en una mesa de una taberna... Sin embargo robar dinero era otra cosa. Cortar la correa de una bolsa de un caballero no era una chiquillada sino un delito de adulto en toda regla, y como tal sería tratada". Este robo ocurre el 1 de noviembre de 1327, en el priorato de Kingsbridge.

     La sustracción de los 600 € a V.A.C. ocurría el 25 de septiembre del 2015, en los alrededores del mercadillo. Gwenda tenía 10 años. En este caso, las chicas unos 25. Bien vestidas y con buen porte -tal vez llevaran peluca- estudian, seleccionan y eligen cuidadosamente el día y a su víctima. La siguen y, en un descuido, con rapidez y destreza, como hace Gwenda en la novela, se llevan por delante lo que pillan. Y ahí te quedas tu, con cara de idiota, como dice Toni Total en una de sus estrofas "...igual que la de un indio  que vuelve al Fuerte andando despues de haber perdido el caballo"

       La diferencia es que Gwenda robaba para que su familia pudiera comer y en nuestro caso son delincuentes profesionales sin escrúpulos que juegan con la ventaja de que los Jueces no tienen los arrestos suficientes para darles su merecido. De tenerlos, esta gente respetaría más lo ajeno. Sirva esta crónica para que lleven ustedes, señores pensionistas, mucha precaución ya que siempre hay alguien que esta al acecho para ver si llevan algo de valor encima. Viene a ser lo mismo que hace en la sabana el leopardo con la gacela al formar parte de su menu. Día de cobro de la pensión, mercadilo por ser viernes y un pensionista que sale solo del banco...¡lo estaban esperando! 





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