“Periodismo es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa, el resto es propaganda. Su función es poner a la vista lo que está oculto, dar testimonio y, por lo tanto, molestar. Tiene fuentes, pero no amigos. Lo que los periodistas pueden ejercer, y a través de ellos la sociedad, es el mero derecho al pataleo, lo más equitativa y documentadamente posible. Criticar todo y a todos. Echar sal en la herida y guijarros en el zapato. Ver y decir el lado malo de cada cosa, que del lado bueno se encarga la oficina de prensa”
Horacio Verbitsky, periodista y escritor argentino

miércoles, 5 de agosto de 2015

Hubo una època en que las cosas se remendaban, rehabilitaban o se reparaban. No se tiraban. La economía de hoy esta basada en lo contrario: usar y tirar... ¿vamos por buen camino?

     Hubo un época, no muy lejana, en la que un pantalon o una camisa se remendaban si te hacías un siete, a unos zapatos les ponían medias suelas si se desgastaban  y una orza, cántaro o lebrillo se lañaba para que no perdiera agua. Si. Yo fui testigo. Era la década de los 60. El hombre no había subido todavía a la Luna y Franco salía inaugurando pantanos en casi todos los Nodos, el Telediario de ahora. En esta década, y la siguiente, había más carros y mulas que coches. Llevábamos una vida menos agetreada y las cosas las reutilizábamos, incluso varias veces, ¡no las tirábamos!, como ahora, directamente a la basura. Estabamos a años luz de la sociedad del bienestar. El rollo de papel higiénico...¡no sabíamos lo que era! Llegaría años mas tarde. ¡Que alivio!

     En la mayoría de casas -no se habían empezado a construir bloques de viviendas con ascensor- había gallinas, conejos y un cerdo en el corral. Como para pasar el año holgadamente no daba, muchos se iban a vendimiar a Francia. Si matabas un conejo, guardabas la piel ya que a cambio  te daban una caja de cerillas. Las cosas las reutilizábamos ...por necesidad. Como ejemplo de reutilización les traigo como se trataba un recipiente si por un mal golpe, por vejez o por defecto de fabricación se rajaba el material, que era de barro cocido -el mismo que empleó dios en el génesis para hacer al hombre- con una capa de barniz interior para así evitar la transpiración y conservar mejor cualquier líquidos. 

    Periódicamente venían al pueblo expertos cirujanos en operaciones manuales conocidos tecnicamente como "lañadores", verdaderos artistas en colocar lañas. Con sumo cuidado realizaban orificios con un berbiquí manual a derecha e izquierda de la grieta y colocaban lañas de metal  que cerraban la herida  para evitar la fuga de agua. ¡Así de sencillo! Si jugando el balón, de una patada te rompían la ceja, el médico utilizaba una técnica similar para cerrar la herida. ¡Que tiempos aquellos en los que no se tiraba nada!, ni sabíamos que era eso del Centro Comercial o las rebajas. 

El pan lo comprabamos en el horno de Matabueyes, el vino, casa del tio Rastrillador, el arróz en la tienda de Matilde, las sardinas en la de Luís Solera y el agua la transportábamos a cántaros desde la fuente de la Plaza Nueva almacenándola en una orza. El consumo de agua hoy ronda los 175 litros/persona y día. Hace 50 años pasábamos el día con menos de 10 litros. El bienestar social que años más tarde nos vendieron se basaba en lo contrario: en consumir, gastar, usar y tirar. Parte de la crisis sobrevino al no estar preparados ni saber lo que debíamos conocer: la sostenibilidad. O tal vez si y no hicimos caso. Ahora es tarde. 

    ¡Consumir y tirar! para salvar el sistema económico-productivo. "Manda cojones", que diría Trillo. Con la crisis hemos descubierto que la vida es tan llevadera gastando lo justo y arreglando una prenda de vestir en vez de tirarla o, por lo menos, entregarla a Cáritas. Lo jodido es que se ha redistribuido mal la riqueza: el que tiene, cada vez tiene más y el pobre  cada día lo es más por mucho que se empeñen en decirnos que los indices de empleo estan aumentando. Los índices han suplantado a la ética. Hay que hacer una revolución. Porque...¡esto no es vivir!


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